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Una pregunta de los espacios de reflexión de estas jornadas planteaba si existen los libros digitales. Juan Carlos Duce, a quien tuve el gusto de conocer cuando andaba por Daroca, escribe: el problema no es el libro digital, sino el libro de texto (digital o no). El libro de texto es, además, una especie de hijo desnaturalizado y canalla que maltrata, empobrece y arricona a sus padres y hermanos: el resto de los libros. Por el mismo foro yo mismo planteaba que: los libros digitales no existen o, al menos, no deberían existir, porque, si los hay, tienen la misma razón de ser que los libros de texto tradicionales: llueva o truene, hasta el tema 10 en Navidades, como le gustaba decir a Pilar Baselga. Creemos y usemos materiales digitales, abiertos, flexibles, multimedia y multidireccionales; en los que después de la página 1 no venga la página 2 sino rutas de conocimiento (alguna de las cuales puede llevar a un libro de texto digital o no). Reconozcamos que el libro digital está escrito, lo escribimos entre todos los que estamos en internet (yo mismo ahora); es la red misma y se reescribe cada segundo, porque cada segundo cambian las estadísticas del paro, el tiempo atmosférico, la nube de cenizas del volcán impronunciable, los muertos por hambre, los millones apropiados en tramas corruptas, los avances de la ciencia, los vídeos de youtube y los poemas de autores desconocidos que publican en la red. Algunos conocimos la enciclopedia Álvarez, que nunca cambiaba porque sus impulsores "perseguían" el conocimiento, pero desde un punto de vista más represivo.